– Sam -Kyle se inclinó hacia delante y la agarró del brazo.

Sam reaccionó como si la hubiera quemado. Apartó el brazo, corrió hacia la puerta del establo y la empujó. Un rayo de sol penetró en el oscuro interior, seguido de una ráfaga de aire seco y caliente. Sam continuó corriendo, oyendo tras ella el sonido de los pasos de Kyle. Sus botas nuevas crujían sobre la grava del aparcamiento, pero no se volvió. No quería arriesgarse a mirarlo a los ojos. No quería arriesgarse a que adivinara lo que estaba sintiendo, las emociones que nacían en su interior con solo mirarlo. Maldita fuera, ¿qué demonios le pasaba?

– He estado haciendo el trabajo que antes hacía mi padre desde que se fue Red Spencer… Él vino aquí siete años antes de que mi padre se retirara y, cuando mi padre ya no fue capaz de seguir trabajando, se ocupó de todo… pero se marchó hace un par de meses. Se fue a Gold Spur, creo que para estar más cerca de su hijo y su nuera. Kate me pidió que cuidara el rancho y yo acepté hacerlo, pero ahora que has vuelto, ya no vas a necesitarme…

– ¡Sam! -en aquella ocasión, consiguió agarrarla de la muñeca con fuerza y la hizo girar a tal velocidad que Sam apenas podía respirar-. Estás divagando, y, por lo que yo recuerdo, eso no es algo muy propio de ti.

– Tú ya no me conoces -replicó, espoleada por un enfado de diez años de antigüedad que acababa de resucitar con todas sus fuerzas-. No sabes absolutamente nada de mí porque así decidiste que fueran las cosas.

– Por el amor de…

Sam apartó la mano con furia.

– Todas las cuentas están en el estudio -señaló hacia la casa y continuó caminando hacia su camioneta-. Creo que tienes que cambiarle el embrague al tractor, hay un comprador de San Antonio interesado en la mayor parte de tu ganado. Tengo además una lista de gente que quiere a Joker como semental. La cosecha de heno de este año ha sido muy prematura y…



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