
– ¿Enfadada?
– Sí, sí. Estás igual que el año pasado, cuando te enteraste de que Billy MacGrath había invitado a su cumpleaños a todo el mundo menos a mí y aTommy Wilkins.
A Sam le ardió la sangre al recordar aquel incidente.
– Bueno, eso no estuvo nada bien y la madre de Bill lo sabía, por eso… Oh, eso ya es agua pasada -Samantha alargó el brazo hacia el salpicadero y agarró las gafas de sol.
El año anterior habría sido capaz de estrangular a Billy y a la estúpida que tenía por madre, que había decidido que había dos niños en una clase de veintiuno que no eran suficientemente buenos para ser invitados a la fiesta de cumpleaños de su hijo. Los dos únicos niños que eran hijos de madres solteras.
– ¿Y por qué te ha hecho enfadar tu amigo?
– En realidad él no ha hecho nada. Pero ha aparecido de una forma tan inesperada que me ha asustado – se defendió, y palmeó la cabeza de su hija-.Tengo que parar en el banco y en la oficina de correos, pero después podemos ir a tomar un helado.
El ceño de preocupación de Caitlyn se suavizó.
– ¿Qué tal un helado de crema con chocolate?
– ¿Por qué no? -exclamó Sam, justo cuando pasaban por delante de la señal que daba la bienvenida a los recién llegados a Clear Springs.
Quizá tuvieran algo que celebrar. No todos los días aparecía por allí el padre de su hija. Oh, Dios, ¿cómo iba a atreverse a decirle que era el padre de Caitlyn? ¿Y qué haría él cuando lo supiera? ¿Se reiría en su cara? ¿La llamaría mentirosa? ¿O vería la verdad con sus propios ojos y decidiría que ya había llegado el momento de comenzar a ser un verdadero padre? Si en algún momento se le ocurría reclamar la custodia compartida, ella no podría luchar contra él. Contra el dinero de la familia Fortune y todos sus abogados, no tendría una sola oportunidad.
Sam sintió que se le secaba la garganta. Aparcó la camioneta y se obligó a tranquilizarse. No había por qué exagerar. Kyle solo iba a estar allí durante seis meses e, incluso en el caso de que averiguara que Caitlyn era su hija, no tenía por qué preocuparse. Estaba segura de que reaccionaría de una forma razonable. Claro que sí. ¿Pero Caitlyn? ¿Qué sentiría ella por su padre?
