
– Sí.
– Dice que el padre está fuera de escena. No sabía que había estado casada.
– Y no lo ha estado.
– ¿Entonces quién es el padre?
– No lo sé, nunca se lo he preguntado. No es asunto mío -contestó Grant. Sin decirlo explícitamente, estaba insinuando que tampoco era suyo.
– ¿No lo sabe nadie?
– Bueno, supongo que Sam lo sabrá, y también Bess, su madre. Algunos rumores intentaron señalar a Tadd Richter. ¿Te acuerdas de él?
– Sí. En realidad nunca lo conocí, pero tenía entendido que era el matón de la zona.
– Siempre iba rodeado de gente, montaba una moto enorme y no paraba de beber y de buscarse problemas con la ley. Sus padres se separaron y él terminó en la cárcel, o en un centro de menores cerca de Casper. En cualquier caso, Sam tuvo alguna relación con él justo antes de que se fuera de la ciudad y, bueno, al poco tiempo resultó que estaba embarazada. Pero nada de esto es asunto tuyo. Ella ha guardado silencio durante todos estos años y supongo que tendrá sus razones para hacerlo. En cualquier caso, solo llamaba para darte la bienvenida a Wyoming.
– Gracias.
– No es un mal lugar, ¿sabes?
– Nunca he dicho que lo fuera.
– Pero no parecías muy contento con la idea de tener que mudarte aquí.
Kyle fijó la mirada en los álamos que flanqueaban el arroyo.
– No me gusta que me digan lo que tengo que hacer. Ni siquiera que me lo diga Kate.
– Estoy seguro de que no va a ser tan terrible como crees. Quizá hasta descubras que es esto precisamente lo que te gusta. Nunca se sabe.
– No, nunca se sabe -Kyle sentía que estaba empezando a enfadarse. Sin necesidad de mencionarlo, Grant le estaba haciendo saber que no le gustaba la vida desarraigada que llevaba en Minneapolis.
– Quizá necesites tranquilizarte un poco.
– Quizá -contestó Kyle, tensando la mandíbula.
No necesitaba una regañina de nadie. Sabía que había desperdiciado años de su vida.
