
– Es bueno tener compañía en un sitio como éste -dijo alegremente, saltando del coche y caminando delante de sus propias luces-. ¡Eh! -gritó, alzando los brazos.
Era un viejo Buick destartalado que había visto tiempos mejores. Descansó, soplando el polvo del camino con su arrugado morro. Parecía ocupado por un solo pasajero: a través del polvoriento parabrisas iluminado por las luces cruzadas de los coches, se veían la cabeza y hombros de un hombre.
La cabeza salió por la ventanilla. Fuera del cristal, sus facciones eran perfectamente visibles. Un arrugado sombrero de fieltro calado hasta las orejas, separadas de la enorme cabeza. Era una cara monstruosa: gorda, enorme, enmarañada y húmeda. Ojos de rana embutidos en pliegues de carne. La nariz, ancha y abierta. Los labios, líneas apenas. Una cara enorme, poco sana, aunque dura y calma de alguna forma. Ellery notó enseguida que no se podía bromear con el propietario de una cara así.
Los ojos, puntos luminosos, se clavaron en la figura de Ellery con firmeza de batracio. Luego se posaron en el Duesenberg, observando el torso del inspector, y volvieron a Ellery.
– Usted, fuera del camino -era una voz ronca, agriamente vibrante en los tonos bajos-. ¡Quítese de en medio!
Ellery parpadeó bajo la fuerte luz. La cabeza de gárgola había vuelto a meterse tras el parabrisas. Pudo descubrir el esbozo de unos hombros anchísimos. No tenía cuello, pensó irritado. Tío indecente. Hay que tener cuello.
– Óigame -empezó amablemente-. No es muy correcto.
El Buick roncó y comenzó a arrastrarse hacia delante. Los ojos de Ellery relucieron.
– ¡Párese! -gritó-. ¡No puede usted bajar por ahí, estúpido! ¡Hay un incendio monte abajo!
El Buick se paró a dos pies de Ellery, a diez del Duesenberg. La cabeza volvió a salir.
– ¿Cómo dice? -dijo la voz de bajo, pesadamente.
– Estaba seguro de que eso le interesaría -replicó Ellery con satisfacción-. Por todos los diablos, ¿ya no queda el menor asomo de cortesía en este país? Le he dicho que hay una enorme y amplia conflagración monte abajo; probablemente ya haya cruzado la carretera, así que lo mejor que puede hacer es dar la vuelta y volver por donde ha venido.
