El gentío escuchaba fascinado y guardó silencio cuando Lev dejó de hablar.

—¿A cuántas jornadas de viaje se encuentra? —preguntó alguien a voz en cuello.

—Martin calcula que a unos veinte días, viajando con familias y grandes cargas.

—¿Hay que cruzar ríos o atravesar lugares peligrosos?

—Lo mejor sería organizar una avanzadilla que llevara un par de días de ventaja para indicar el camino más accesible. Durante el regreso evitamos el terreno fragoso que tuvimos que atravesar en nuestro avance hacia el norte. El único río difícil de cruzar está aquí mismo, me refiero al Songe, y habrá que franquearlo en botes. Los demás pueden vadearse hasta llegar al Sereno.

Hicieron más preguntas a gritos; los reunidos pusieron fin a su fascinado silencio y bajo los paraguas de hojas rojas se desencadenaron cien discusiones acaloradas; Vera recuperó la palabra y pidió calma.

—A uno de nuestros vecinos le gustaría hacer algunos comentarios —informó y se hizo a un lado para dar paso al hombre que se encontraba detrás.

El hombre vestía de negro y llevaba un ancho cinturón de plata repujada. Los seis individuos que habían permanecido en las proximidades del atrio subieron y se desplegaron en semicírculo, aislando al hombre del resto de las personas que estaban en el atrio.

—Se les saluda —dijo el hombre de negro con voz tajante y no muy alta.

—Es Falco —murmuró la gente—. Es el Jefe Falco.

—Estoy encantado de transmitir a los intrépidos exploradores las felicitaciones del gobierno de Victoria. Sus mapas e informes serán un añadido de gran valor a los Archivos del Estado en Ciudad Victoria. La Junta está estudiando planes para la migración limitada de campesinos y trabajadores manuales. La planificación y el control son necesarios para garantizar la seguridad y el bienestar del conjunto de la comunidad. Como esta expedición ha puesto de relieve, habitamos en un rincón, en un puerto seguro, de un mundo inmenso y desconocido.



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