– Ciertamente. Estaba leyéndolo hace un rato -afirmó Aroun-. Sobre mi escritorio, Ali.

Rashid regresó con un ejemplar de Paris Soir.

– Página dos. Léalo en voz alta. Les interesará -dijo Dillon.

Se sirvió otra copa de champaña mientras Rashid leía el suelto en el periódico.

– «Mrs. Margaret Thatcher, hasta fecha reciente primera ministra de Gran Bretaña, pernoctará en Choisy como invitada del presidente Mitterrand, con quien proseguirá conversaciones mañana por la mañana. A las dos de la tarde abandonará su residencia para regresar a Inglaterra en un avión de la RAF que despegará de una pista militar de Valenton.»

– ¿Increíble, no? ¡Cómo se puede permitir que aparezca una gacetilla así! Pues les aseguro que los principales periódicos de Londres la habrán publicado también.

Hubo un silencio solemne y luego Aroun dijo:

– ¿No estará insinuando que…?

Dillon se volvió hacia Rashid:

– Tendrán ustedes mapas de carreteras en esta casa. Vaya por ellos.

Rashid salió sin pérdida de tiempo y Makeiev dijo:

– ¡Por Dios, Sean! Ni siquiera tú…

– ¿Cómo que no? -replicó tranquilamente Sean-. ¿No dijiste que tenía que ser algo importante, un gran golpe? ¿Servirá Margaret Thatcher o bien estamos jugando a las batallitas aquí?

Antes de que Aroun pudiese responder, regresó Rashid con dos o tres mapas. Desplegó uno sobre la mesita y todos se volvieron a contemplarlo, excepto Makeiev, que permaneció junto a la chimenea.

– Esto es Choisy -dijo Rashid-. A cincuenta kilómetros de París, y aquí está Valenton, con el aeropuerto militar, a sólo doce kilómetros.

– ¿No tienen otro mapa a escala más amplia?

– Sí -desplegó Rashid otro.

– Bien -dijo Dillon-. Aquí se ve bien claro que no hay más comunicación que la carretera comarcal entre Choisy y Valenton, y aquí, a unos cinco kilómetros de la pista, hay un paso a nivel del ferrocarril. Perfecto.



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