– Opino que nuestro común amigo Rocard es un gran embustero.

– Pero también es un hombre muy peligroso -añadió Gaston-. ¿Qué hacemos?

– Esperar y ver -brindó Pierre con su copa-. Salut.

Dillon se encaminó a pie hacia el almacén de la calle de Helier, aunque no sin dar rodeos de unas calles a otras y refugiándose alguna que otra vez en la oscuridad para ver si le seguía alguien. Hacía tiempo había aprendido que todos los grupos políticos revolucionarios estaban plagados de facciones y de chivatos, lo cual era particularmente cierto en el caso del IRA. Por la misma razón, y tal como había explicado a Aroun, prefería recurrir a delincuentes profesionales siempre que necesitase ayuda, a hampones honrados que hacían las cosas sólo por dinero, como él solía decir. Por desgracia, ni siquiera esto era del todo seguro. Creyó adivinar algo raro en la actitud del gordo Pierre.

En la puerta del almacén se abría un portillón por donde entró Dillon tras descorrer la cerradura. Dentro guardaba un sedán Renault, un Ford Escort y una moto BMW de la policía cubierta con una lona. Tras verificar que todo estuviese en orden, enfiló la escala de madera y se metió en la vivienda del altillo. No era éste su único hogar, ya que tenía además una barcaza en el río, por si acaso.

Sobre una mesa de la salita encontró un petate de lona con una tarjeta que sólo decía: SU PEDIDO. Sonriendo, abrió la cremallera y halló una ametralladora Kalashnikov PK último modelo, con el trípode doblado y el cañón desmontado para mayor facilidad de transporte. En el petate venía además una caja con la cinta de cartuchos y, a su lado, otra caja similar. Dillon fue a abrir un cajón de la cómoda, sacó una manta plegada y la guardó en el petate; luego cerró la cremallera, se ajustó la Walther al cinto y salió hacia la escalera portando el voluminoso bulto.

Después de echar el cierre del portillón, regresó por donde había venido sintiéndose presa de excitación, como siempre le ocurría en tales ocasiones. Aquél era el momento más emocionante del mundo: cuando la acción se ponía en marcha. Salió a una calle principal y pocos instantes después hizo señas a un taxi que le llevó nuevamente a Le Chat Noir.



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