
»He aprendido a sobrellevar la difícil y particular situación de ser amado y odiado a la vez. Cada día me encuentro frente a frente con doscientas personas negras que quisieran matarme, cortarme el cuello, ofrecer mis órganos sexuales, comerse mi corazón.
»Cada mañana, al despertar, me asombro de estar vivo todavía después de dieciocho años. Cada tarde reviso mi revólver, hago girar el cargador entre mis dedos, controlo que nadie haya sustituido los cartuchos por casquillos vacíos.
»Yo, Hans Olofson, he aprendido a soportar la soledad más absoluta. Nunca había estado rodeado de tantas personas que exigen mi atención, esperan que tome una decisión pero a la vez me vigilan en la oscuridad, ojos invisibles que me vigilan, que están al acecho.
»Sin embargo, lo que recuerdo con más claridad es cuando salí del avión en el Aeropuerto Internacional de Lusaka, hace dieciocho años.
«Retrocedo constantemente a ese momento en busca de coraje, de fuerza para soportar, retrocedo a ese punto en el que yo todavía conocía mis propias intenciones…
»Mi vida es ahora un continuo deambular por días teñidos de irrealidad. Llevo una vida que no es mía ni de nadie. No siento el éxito ni el fracaso por lo que hago.
»La duda constante de qué habrá pasado en realidad me domina. ¿Qué fue realmente lo que me trajo aquí, lo que me impulsó a realizar ese largo viaje desde el interior de la lejana Norrland, siempre cubierta de nieve, hasta África, donde nadie me ha llamado? ¿Qué hay en mi vida que no he entendido nunca?
»Lo más misterioso, sin embargo, es que haya estado aquí dieciocho años. Tenía veinticinco cuando abandoné Suecia y ahora tengo cuarenta y tres. Desde hace tiempo el pelo se me está empezando a poner gris, y la barba, que nunca me decido a afeitar, ya es del todo blanca. He perdido tres dientes, dos de la mandíbula inferior y uno de la izquierda superior.
