
»A veces intento ver todos estos años en África como un paréntesis en mi vida que algún día se demostrará que en realidad no ha existido. ¿Es tal vez un sueño demencial que se desvanecerá como un hechizo cuando por fin sea capaz de salir de esta vida que llevo aquí? Este paréntesis en mi vida tendrá que rectificarse alguna vez…»
En el acceso febril, Hans Olofson es lanzado contra invisibles y escarpados arrecifes que arañan su cuerpo. Durante unos breves segundos la tormenta amaina y él se mece sobre las olas sintiendo que se convierte enseguida en un bloque de hielo. Pero justo en el momento en que cree que el frío ha llegado a su corazón y helado su palpitar hasta pararlo vuelve la tormenta y la fiebre lo lanza de nuevo contra los candentes arrecifes.
En esos agitados y demoledores sueños que causan estragos en su interior como demonios, él regresa constantemente al día en que llegó a África. A ese sol blanco, a ese largo viaje que lo llevó a Kalulushi, hasta esta noche, dieciocho años después.
El golpe de fiebre se halla frente a él como una silueta malvada. Con mano temblorosa saca el revólver en un intento extremo de salvación.
El ataque de malaria va y viene.
Hans Olofson, que creció en una desanimada casa de madera a la orilla del río Ljusnan, tiembla tiritando de frío bajo la sábana húmeda.
Los sueños le conducen al pasado reflejando una historia que espera llegar a comprender algún día…
