Un oscuro secretario (de James Joyce) decide afrancesarse y consigue publicar, chez Bordas, una novela que ya había sido editada nueve años antes en Londres y cuya edición casi íntegra fue pasto de las bombas alemanas. De Murphy, primera novela francesa de Beckett, se venden en este año de 1947 dos docenas de ejemplares y menos de cien unidades hasta 1951, fecha de aparición de Molloy. Lo relevante es que Murphy no suscitó ni una reseña crítica. Ahora bien -por los cuentos de hadas sabemos que sucede-, veintidós años más tarde -que suele ser lo que tarda el Príncipe en encontrar el pie de Blancanieves-, en 1969, Samuel Beckett recibe el premio Nobel de Literatura y en unos años en que los suecos del Nobel, no habiendo descubierto todavía el refinado truco de premiar a estonios que escriben en arameo medieval, coronaban preferentemente a escritores de fama establecida.

– Y ¿qué?

Las Editions du Scorpion (que tampoco eran un imperio editorial exactamente) publican la primera edición de El otoño en Pekín (¡condenación!, ni siquiera con ese título se percataron…), a puro riesgo y ventura, que fue mínima, pero no tan poca en comparación con las otras novelas de Vian, pues ésta alcanzaría una segunda edición al cuidado de Editions de Minuit en 1956.

– Permita una precisión. Esta segunda edición de El otoño en Pekín apenas aporta variaciones sustanciales con respecto a la primera de 1947, aunque sí muy interesantes, pero imposibles, presumo, de comentar en su prólogo. Ha sido esta edición, que el autor revisó cuidadosamente, la que ha servido para la presente traducción al castellano.

Antes de 1947 Vian había publicado ya Vercoquin y el plancton y, bajo el seudónimo de Vernon



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