En la selva de ingenio, sutilidad, invención y sarcasmo, que explora el lector de Vian, no se tarda mucho en encontrar bajo la maleza, por lo general en medio de una sonrisa o de una carcajada, las sendas del amor y de la muerte. A Vian le hipnotiza horadar miles de galerías, grotescamente enmarañadas, bajo esas apariencias ridículas de la pasión y que son, naturalmente, la sal de la vida. Los personajes de Vian viven determinados por el amor o por la falta de amor, situaciones ambas que no los hacen felices, pero nunca derrotados. Fuera del amor no hay existencia. Dentro, las lúgubres alegrías de la belleza. Contra el amor luchan mediante el trabajo, la ironía o la violencia. Pero también se percibe una lucha tensa y refinada contra la tradición judeo-cristiana que ha fabricado este amor en el que amamos, una lucha desesperanzada de la que se obtiene la única ganancia de no dejarse dramatizar la existencia.

La angustia, que sus más lúcidos contemporáneos habían izado como banderín de enganche, parece ser la bestia negra de estos personajes, aun asumiéndola, aun frustrados. Toda pirueta -incluso el más patoso chiste fonético-, cualquier aventura -y cuanto más disparatada, mejor-, un suculento trozo de carne humana o el recuerdo de ella, son las armas útiles, posibles, para vivir. Erotólogos de una perspicacia osada, los personajes significativos de Vian aman todo y sólo odian el aburrimiento que producen los grandes pensadores, los grandes héroes, los grandes guerreros, financieros, salvadores, sermoneadores, los grandes, los serios. De esa menesterosa complacencia en la derrota que es la melancolía se defenderán violentamente, con sadismo, con crueldad, siempre con una energía desfachatada, que obliga simultáneamente a reír y a temblar.

– Aprovecho -interrumpe el traductor de esta novela, que se cree con derecho a aprovecharse por haber vertido a una lengua aproximada la intraducible prosa de Vian- esa referencia a la violencia que acaba de hacer usted para significar, en primer lugar, que, en efecto, habrá pocos libros cargados de una violencia más efectiva y espeluznante y, a la vez, más jocosa y como indiferente.



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