
– ¡Alto, que se le va a usted la mano mitificadora…! Reconozco que Vian era muy mítico y muy apropiado para las mitificaciones póstumas. Vaya usted a saber por qué sus novelas se popularizan a partir de 1964 o 1965… Y, encima, sin ampararse en un estricto análisis literario. Temo que, con una frivolidad bastante común a ciertos vianeros, ha medio encubierto usted una sencilla realidad: las novelas de Vian son muy divertidas. Y de Escupiré sobre vuestras tumbas llegaron a venderse muchos miles de ejemplares.
Nadie ha dicho aquí que Vian hubiese sido Kafka, aunque el destino de la obra de Vian, que tuvo un destino de novela como ya se dijo, podría cómodamente servir para un relato kafkiano. Los miles de ejemplares de ese modélico pastiche que es Escupiré sobre vuestras tumbas podían haber servido de detonante para la lectura de las otras novelas de Vian. Pero comenzó el proceso, un proceso instado por unos defensores de la moral, la novela fue prohibida por el juez, el éxito de venta se esfumó y sólo sirvió para que hiciesen años más tarde aquella infiel adaptación cinematográfica, de la que Vian no pudo zafarse y cuyo visionado, siempre según la leyenda y no el certificado médico, le puso al borde de su propia fosa. Para ciertas personas un éxito puede ser mortal.
