Un gigante con cabellos rojizos, vestido con el gris uniforme de las Divisiones Móviles Interestelares, había permanecido sombríamente bebiendo cerveza al otro extremo del bar. Tavernor había notado la presencia del individuo en cuanto llegó; pero le había pasado desapercibida la llegada de un segundo soldado que había tomado asiento en un lugar opuesto, cerca de la puerta. El último iba vestido con el uniforme gris oscuro de la Reserva Táctica. Era tan alto como el primero y con una cara pálida y desesperada.

—Reservista piojoso — estaba gruñendo el pelirrojo, ya borracho cuando Tavernor puso atención a la disputa —: No tenéis otra cosa que hacer, sino comer, beber y fornicar con las mujeres de los verdaderos soldados.

El reservista levantó los ojos de su bebida.

—Tú otra vez, Mullan. ¿Cómo puedes estar en todos los bares en donde yo entro?

Mul an repitió sus anteriores palabras, una tras otra.

—No se me había ocurrido que cualquier mujer quisiera casarse contigo comentó el reservista agriamente.

—¿Qué estás diciendo? — preguntó Mullan con voz ronca y aguardentosa, de forma que consiguió imponer silencio en el local.

El reservista tenía aparentemente sus trazas de imaginación.

—Dije que cualquier mujer que se hubiera casado contigo habría estado más segura en una celda llena de juerguistas.

—¿Qué estás diciendo?

—Pues decía… ¡Bah! Lo he olvidado. — Y el soldado hizo un gesto despectivo y volvió la atención hacia su bebida.

—Repite eso de nuevo.

El reservista movió los ojos hacia el techo; pero no dijo nada. Tavernor echó una mirada de reojo al camarero vestido de blanco que desapareció, en un instante, hacia una cabina telefónica al otro lado de la habitación. El pelirrojo dejó escapar un inarticulado rugido de furia y comenzó a atravesar el bar. Lo hizo poniendo una manaza en el pecho del inmediato cliente que encontró a mano, lo apartó a un lado y procedió con el siguiente en la misma forma. Pero cuando el gigante había echado a un lado a cuatro clientes del bar de Jamai fuera de su paso, los demás se olieron lo que podía suceder y se produjo un movimiento de retirada masiva lejos de la barra.



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