
—Piensa en ello, Mack — estaba diciéndole Lissa en un susurro. Diez días completos para nosotros en la costa sur. Los dos juntos…
Tavernor intentó enfocar su atención en aquellas palabras.
—A tu padre no le hará mucha gracia…
—No lo sabrá… Hay una exposición de pintura que se celebrará en el sur al mismo tiempo. Le dije que iría a verla. Kris Shelby está organizando el viaje y tú sabes que es la discreción misma…
—Quieres decir que se le puede comprar como a un bastón de goma…
—¿Qué es lo que pasa con nosotros? — le dijo Lissa con un leve tono de impaciencia en la voz.
—¿Y por qué estás haciendo esto? — Tavernor usó una calculada estolidez intentando irritarla —. ¿Por qué ahora?
Ella vaciló y después habló con una firmeza que Mack encontró extrañamente desconcertante.
—Te necesito, Mack. Te necesito y hay un límite para el tiempo que puedo esperar; ¿Es eso tan difícil de comprender?
De pie junto a ella en aquella confinada oscuridad, Tavernor sintió que su despego comenzaba a derrumbarse. ¿Por qué no? Aquella idea comenzó a martillearle las sienes. ¿Por qué no? Dándose cuenta de su capitulación, Lissa le rodeó el cuello con sus brazos y suspiraba satisfecha conforme él bajaba su rostro hacia el de ella. Tavernor hizo un esfuerzo finalmente, permaneció frío por un instante y empujó a la joven lejos de sí, súbitamente afectado de una fuerte irritación.
