– Debes de estar aterida y hambrienta. -Susannah se retiró hacia la luz-. Y empapada -añadió.

Emily estaba impresionada. Recordaba a Susannah más interesante que bonita, pero con unas facciones correctas y una piel realmente preciosa, como la suya. La mujer que veía ahora estaba desmejorada, los huesos le sobresalían de la cara, y tenía los ojos hundidos en unas profundas ojeras.

– Un poco -dijo Emily, intentando forzar la voz para que sonara normal. Sintió una tentación repentina de continuar hablando para llenar aquel silencio abismal.

Susannah miró al padre Tyndale y de pronto Emily se dio cuenta de que debía de resultarle duro estar de pie en la puerta, con aquel frío.

El padre Tyndale depositó las maletas en el interior.

– ¿Quiere que las suba? -preguntó.

Emily sabía que a ella le sería imposible cargar con la más grande, así que aceptó.

Cinco minutos después el padre Tyndale se había marchado, y Emily y Susannah se quedaron solas en el vestíbulo. Fue un momento incómodo. Entre ambas había una barrera de diez años de silencio. Era el deber lo que había hecho acudir a Emily y no podía fingir afecto. Si hubiera sentido cariño por ella, se habrían escrito durante todo ese tiempo. Susannah debía de sentir lo mismo.

– La cena está lista -dijo esta con una débil sonrisa-. Supongo que te gustaría retirarte temprano.

– Sí, gracias. -Emily la siguió por un pasillo gélido hasta un comedor con paneles de madera, cuyo calor la envolvió en el momento mismo en que cruzó el umbral.

En una chimenea de piedra enorme había un fuego de turba, donde no bailaban las llamas como en las hogueras a las que estaba acostumbrada en su casa, pero cuyo agradable olor a tierra impregnaba el aire. Había velas encendidas en todos los rincones, y una mesa de madera pulida preparada para dos. No había rastro de criados. Quizá no había ninguno que viviera en la casa. Emily sintió el temor repentino y desazonador de que sus obligaciones pudieran ser mayores de lo que había supuesto, a pesar de lo que había dicho el padre Tyndale, y de que no estuviera preparada para ello.



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