
– Buenos días, qué alegría volver a verlo. -El bañero sonríe y lo saluda. No es el que yo vi antes. Es el bañero de entonces, con los brazos más robustos. Es bajo, lleva el pelo cortado a cepillo y tiene una bonita sonrisa.
– Hola, Walter…
Se reconocen, hablan de algo con animación, luego se dan la mano. Y el bañero vuelve a su trabajo. Está ya bronceado. Tiene la piel oscura, quemada y reseca por el mar, el viento, el sol. Se sienta a la mesita de madera y se acomoda la tumbona de tela azul en la que en letras blancas se puede leer: «Reservado.» Saca de una bolsa de mano un gran recipiente lleno de pasta. Fusilli con tomate y berenjenas. Y también llevan huevo mezclado. Se pone a comer el extraño timbal, sin prisa, pero a grandes bocados. Y nosotros permanecemos allí, mirándolo mientras come satisfecho. Al final, sigue con hambre después de tanta comida. De vez en cuando mira a la lejanía, sereno, tranquilo. No hay gente, no puede pasar nada, pero él, de todos modos, vigila, controla. Después, el bañero Walter sonríe, asiente con la cabeza, cuando nos ve subirnos a la pequeña barca que me regaló hace tanto tiempo precisamente él, mi padre.
– Pero ¿estás seguro de que no nos pasará nada?
Empujo la barca veloz mientras las velas ondean al viento.
– Papá, ya sabes que hice un cursillo…
– Entonces, voy contigo, pero antes nos ponemos el chaleco salvavidas…
Y lo hacemos porque no quiero discutir, porque no me apetece y se está levantando viento y el mar está un poco agitado. Y, tras un último empujón, subo a la carrera y estoy a punto de resbalar dentro de la barca, sobre aquel plástico duro ligeramente granulado pero no lo bastante como para poder detenerme. Entonces, ágil y rápido, apoyo el pie y el brazo: no me caigo y agarro al vuelo aquel cabo que parece escabullirse, y lo detengo. Lo tengo en mi poder antes de que acabe de desensartarse del pequeño aro de acero. Lo freno en medio del viento, en mitad del aire, y comienzo a cazar el foque y la barca coge viento y se ladea. Recupero el timón, orzo ligeramente y salimos volando, propulsados sobre las olas, haciéndonos a la mar.
