
—Ese juramento dejó de tener sentido cuando hizo que Swanhild fuese pisoteada por los cascos de los caballos.
—Pero él dice que Randwar planeaba su muerte.
—¡Él lo dice! —gritó Ulrica. Se adelantó para situarse allí donde quedaba más iluminada: un mujer grande, las trenzas recogidas medio grises y medio todavía rojizas alrededor de un rostro cuyas líneas se habían congelado en la seriedad de la mismísima Weard. Costosas pieles adornaban la capa de Ulrica; el vestido que llevaba era de seda del este; el ámbar de las tierras del norte relucía en su cuello: porque era hija de un rey que se había emparentado con la casa de Tharasmund, que descendía de los dioses.
Se detuvo con los puños apretados, y los agitó frente a Liuderis y el resto:
—Bien podía Randwar el Rojo haber buscado la destitución de Ermanarico. Durante demasiado tiempo han tenido que sufrir los godos a ese perro. Sí, le llamo perro, a Ermanarico, que no es digno de vivir. No me digáis que nos hizo poderosos y que sus dominios se extienden desde el mar Báltico al mar Negro. Son sus dominios, no los nuestros, y no le sobrevivirán. Hablad, mejor, de contribuciones casi ruinosas, de esposas y doncellas deshonradas, de tierras tomadas sin derecho y de gente arrojada de sus casas, de hombres derribados o quemados en sus moradas simplemente por haberse atrevido a hablar en su contra. Recordad cómo mató a sus sobrinos y a las familias de éstos cuando no consiguió su tesoro. Pensad en cómo hizo colgar a Randwar, simplemente por la palabra de Sibicho Mannfrithsson… Sibicho, la víbora siempre silbando a oídos del rey. Y preguntaos esto. Incluso si Randwar se hubiese convertido realmente en el enemigo de Ermanarico, traicionado antes de poder vengar un ataque contra su gente… incluso si fuese así, ¿por qué debía morir también Swanhild? Sólo era su esposa. —Ulrica tomó aliento—. También era la hija de Tharasmund y mía, la hermana de vuestro jefe Hathawulf y de su hermano Solbern. Ellos, que nacieron de Wodan, enviarán a Ermanarico al mundo subterráneo para que se convierta en su esclavo.
