– No necesita un motivo -replicó Julian-. Solo el medio.

– Intenté apartarle del alcohol, pero tiene botellas en todas partes. -Miró hacia el oscuro caserón, que se alzaba junto a ellos como una fortaleza-. Lo he intentado, Julian. Sé que es importante. -Echó un vistazo a su ropa-. Te has engalanado mucho esta noche. Yo no me he puesto nada especial. ¿Debía hacerlo?

Julian la miró con ojos inexpresivos, y sus manos se palmearon la camisa, en busca de algo que no estaba.

– Lo has olvidado, ¿verdad? -dijo Samantha. Sus intuiciones raramente fallaban.

Julian aguardó la explicación.

– El eclipse -dijo ella.

– ¿El eclipse? -Pensó en ello y se dio una palmada en la frente-. Dios. El eclipse. Joder, Samantha. Me había olvidado. ¿El eclipse es esta noche? ¿Irás a algún sitio para verlo mejor?

Ella indicó con la cabeza el lugar del que acababa de salir.

– Traje provisiones para los dos. Queso y fruta, un poco de pan, un trozo de salchichón y vino. Pensé que nos apetecería si debíamos esperar más de lo que pensabas.

– ¿Esperar…? Joder, Samantha… -No sabía cómo decirlo. No había querido inducirla a pensar que quería ver el eclipse con ella. Ni siquiera había querido inducirla a pensar que quería ver el eclipse.

– ¿Me he equivocado de fecha?

Su voz denotaba decepción. Ya sabía que no se había equivocado de fecha, y que si quería ver el eclipse desde Eyam Moor, tendría que ir sola.

Julian había hablado del eclipse sin concederle importancia. Al menos, ésa había sido su intención.

– Se ve muy bien desde Eyam Moor. Calculan que sucederá a eso de las once y media. ¿Te interesa la astronomía, Samantha?

Ella lo había interpretado como una invitación, y Julian se sintió molesto por la presunción de su prima, pero lo disimuló porque estaba en deuda con ella. El motivo de sus largas visitas a Broughton Manor desde Winchester, durante los últimos ocho meses, era reconciliar a su madre con su tío, el padre de Julian.



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