– Es una bota hecha a mano -murmuró-. Qué curioso. Este tipo de botas no se hacen desde principios del siglo XVIII… ¿Se puede saber qué zapatero te las ha hecho?

La confusión de Meredith fue en aumento cuando comprobó que sus bombachos también estaban hechos a mano, al igual que la camisa de lino, y que ninguna de sus prendas tenía etiqueta.

Le abrió la camisa para comprobar que no tenía más heridas y se quedó extasiada con la visión de su fuerte pecho bajo la luz de la lámpara. No tenía intención de quitarle la ropa aunque estuviera mojada. Sentía curiosidad y no podía decir que todos los días pudieran gozar de la presencia de un hombre en su sofá, pero su temeridad y sus habilidades como enfermera tenían un límite.

En lugar de desnudarlo, lo tapó con, una manta del dormitorio de invitados y se dispuso a encender el fuego. Cuando terminó, el desconocido había recobrado el color y su respiración era más pausada.

– Muy bien, Ned. Ahora que estás mejor, será mejor que me ocupe de tus heridas. Después, prepararé café e intentaré quitarte esa borrachera.

Se dirigió al cuarto de baño y tomó vendas, alcohol, unas tijeras pequeñas, una maquinilla y crema de afeitar. Acto seguido, puso una toalla sobre el cuello del hombre y comenzó a afeitarle la barba, con sumo cuidado, para poder curarle los cortes.

Cuando terminó, se apartó un poco y se llevó una buena sorpresa. Era muy atractivo. Hasta ese momento sólo había visto a un individuo extraño, de aspecto extraño y vagamente siniestro, pero ahora se quedó hipnotizada. Tenía una buena razón: no era la primera vez que lo veía. Lo había visto esa misma noche cuando contemplaba la ilustración del pirata en el viejo libro del armario.

Dejarse llevar por sus fantasías no le habría costado nada, pero intentó convencerse de que sólo era uno de los chicos de Tank Muldoon aunque la explicación tampoco era demasiado racional; no en vano, aquel era un hombre hecho y derecho, no uno de los jovencitos que contrataba Tank para servir las mesas. Y por otra parte, sabía que él no se habría tomado la molestia de comprar trajes de época auténticos para los camareros.



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