– Bueno, al menos no eres un extraterrestre -dijo ella con ironía-. Pero eres el tipo más machista que he conocido en mi vida. ¿Por qué te vistes como un pirata?

– Maldita sea, niña, ya estoy harto de este interrogatorio. ¡Desátame ahora mismo!

– ¡No!

Griffin cerró los ojos.

– Entonces dime dónde estoy. Y cuándo piensas liberarme.

– Apareciste en mi playa durante el huracán y yo te he arrastrado hasta mi casa. Sin mí, habrías muerto. – ¿Me has salvado la vida?

– Sí.

– ¿Y dónde estamos? ¿Dónde está la casa de la que hablas?

– En el camino de Loop, en la isla de Ocracoke.

– ¿En Occracock? ¿Estoy en Occracock? No puede ser… No hay casas en Occracock.

– Disculpa, pero la isla se llama Ocracoke, no Occracock -le corrigió-. Y claro que hay casas… todo un pueblo. Está aquí desde hace más de doscientos años.

Griffin la miró y pensó que estaba loca. Lo que decía no tenía ningún sentido. Sólo la locura podía explicar sus extrañas palabras y el hecho de que lo hubiera atado, aunque cabía la posibilidad de que el loco fuera él. Ni siquiera sabía cuánto tiempo llevaba en aquel lugar. Podían haber pasado varios días.

– ¿Qué día es hoy? -preguntó él. Ella frunció el ceño.

– Veintidós de septiembre.

Él cerró los ojos, aliviado. No estaba loco. Efectivamente, era veintidós de septiembre.

– De mil novecientos noventa y seis – añadió ella.

– ¿Mil novecientos noventa y seis? ¿Qué es eso?

– El año.

– Estás loca, rematadamente loca -murmuró-. Desátame ahora mismo o te juro por la tumba de mi padre que te mataré.

Capitulo 2

Meredith alzó la barbilla, desafiante, e intentó mantener la compostura.

– No estás en posición de amenazarme. En cuanto pase la tormenta, llamaré al sheriff para que te meta en una celda.



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