
Entonces, él se inclinó sobre ella y la besó suavemente en la mejilla. El contacto de sus labios bastó para que Meredith se estremeciera de deseo. Sintió que las piernas se le doblaban y quiso llevar las manos al pecho del hombre, pero él ya se había alejado y se dirigía hacia la puerta.
– ¡Espera! -gritó-. Quiero enseñarte algo antes de que te marches.
Él sonrió de forma forzada y volvió al sofá.
– ¿De qué se trata?
Meredith comenzó a buscar a su alrededor, intentando encontrar algo que demostrara sus palabras. SÍ la electricidad no hubiera estado cortada, podría habérselo demostrado enseñándole la televisión, el microondas o simplemente las bombillas.
Entonces reparó en la crema de afeitar. Era un aerosol, así que le pidió que extendiera una mano y le echó crema en la palma.
– ¿Qué es esto? -preguntó él.
– Crema de afeitar. Lo llamamos aerosol, Griffin. Mira el bote… ¿cómo crees que puede caber tanta crema en un bote tan pequeño? ¿Hay algo parecido en el lugar del que procedes?
Él retrocedió con expresión recelosa, pero ella lo siguió y recogió una linterna que había dejado en el salón. Después, la encendió e iluminó sus ojos.
– ¿Qué es esto, Griffin? Pulso un botón y se enciende. Como ves, ni siquiera hay llama… en tu época todavía no conocíais la electricidad. Benjamin Franklin sólo era un niño entonces.
– Maldita sea, eres una bruja… Ella le tomó de las manos.
– Mírame, fíjate en la ropa que llevo. ¿Habías visto algo parecido? Me llamo Meredith Elizabeth Abbott y nací el 19 de marzo de 1968. Mil novecientos sesenta y ocho – repitió, despacio-, casi trescientos años después que tú. Ahí afuera hay todo un mundo nuevo, con automóviles y aviones y ordenadores. Nosotros ni siquiera pertenecemos ya a Gran Bretaña. Ahora somos un país independiente. Griffin… hace veinte años, el hombre llegó a la Luna. "Griffin se apartó y caminó hacia la salida.
– Te aseguro que no le contaré a nadie lo que me has dicho -dijo él-. Si lo hiciera, podrían quemarte por herejía.
