
– ¿Por qué?
– Porque usted se contradice. Me está diciendo que el caso está cerrado y que no puedo ver los documentos. Si está cerrado, entonces yo tendría derecho a ver el caso porque se trata de mi hermano. Y si está cerrado, eso significa que, como periodista, no puedo poner en peligro una investigación en curso con sólo ver los documentos.
Le dejé que lo pensase unos instantes.
– De modo que -acabé diciendo-, siguiendo su propia lógica, no hay motivo para que no pueda ver los documentos.
Scalari se quedó mirándome. Pude ver cómo la ira le subía a las mejillas.
– Escucha, Jack, hay cosas en ese expediente que es mejor que no se sepan y, por supuesto, que no se publiquen.
– Creo que yo estoy más capacitado para juzgar eso, detective Scalari. Era mi hermano. Mi hermano gemelo. No voy a hacerle ningún daño. Sólo estoy intentando darle sentido a algo para mí mismo. Si después escribo sobre ello, será para acabar enterrándolo con él, ¿vale?
Nos quedamos un buen rato mirándonos fijamente. Le tocaba hablar a él y yo esperaba a que lo hiciera.
– No puedo ayudarte -dijo por fin-. Ni aunque quisiera. Está cerrado. El caso está cerrado. La carpeta ya ha ido al registro para que procesen los datos. Si quieres, pídesela a ellos.
Me levanté.
– Gracias por decírmelo al principio de la conversación.
Salí sin decir nada más. Sabía que Scalari me lo soplaría. Había acudido a él porque tenía que seguir las reglas y porque quería ver si conseguía averiguar dónde estaba el expediente.
Bajé por la escalera que, en general, utilizan en exclusiva los polis, en dirección al despacho del capitán administrador del Departamento. Eran las doce y cuarto, de modo que el mostrador de recepción estaba vacío. Pasé por delante de él, llamé a la puerta y oí una voz que me invitó a entrar.
El capitán Forest Grolon estaba sentado a su mesa. Era un hombre tan alto que los muebles normales de oficina parecían mobiliario infantil.
