Después había un inventario de pruebas y no vi en él nada fuera de lo corriente. Luego encontré la declaración del testigo. Éste era el guarda forestal Stephen Pena, destinado en una garita de control e información en el lago Bear.

El testigo declara que no divisa la zona de aparcamiento desde su puesto de trabajo. Aproximadamente a las cuatro y cincuenta y ocho minutos de la tarde, el testigo oyó un estallido sordo que reconoció por experiencia como un disparo. Identificó el lugar de origen como el aparcamiento e inmediatamente acudió a investigar la posibilidad de que hubiera un cazador furtivo. En aquel momento sólo había un vehículo aparcado allí y, a través de las ventanillas parcialmente empañadas, vio a la víctima desplomada hacia atrás en el asiento del conductor. El testigo rodeó el vehículo, pero no pudo abrir las puertas del coche porque estaban bloqueadas. Atisbando por las ventanillas empañadas determinó que la víctima parecía haber muerto, pues tenía una gran herida en la parte trasera de la cabeza. Entonces el testigo volvió a la garita forestal, desde donde informó inmediatamente a las autoridades y a sus superiores. Después regresó al coche de la víctima para esperar la llegada de las autoridades.

El testigo declara que el vehículo de la víctima no estuvo fuera de su alcance visual más de cinco segundos desde que oyó el disparo. El coche estaba aparcado a unos cuarenta y cinco metros de la cobertura forestal o de la edificación más próxima. Cree el testigo que habría sido imposible que alguien hubiera salido del coche de la víctima tras el disparo y hubiera conseguido ponerse a cubierto sin que el testigo lo viera.

Volví a poner la hoja de la declaración en su sitio y eché un vistazo a los demás informes. Había una página titulada «Informe del caso» que detallaba los movimientos de mi hermano en su último día. Sean había entrado a trabajar a las siete y media de la mañana, había almorzado con Wexler a mediodía y había fichado la salida a las dos de la tarde para ir al Stanley. No le dijo a Wexler ni a nadie a quién iba a ver.



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