
– No se vaya.
El tono imperativo de su voz sulfuró a Michael.
– Escuche, yo me he limitado a traer a esta mujer al hospital, ¿comprende? Yo no soy…
– Espera un minuto -Beth abrió los ojos y volvió la cabeza rápidamente hacia él. Parecía estar viéndolo por primera vez.
– Sólo una cosa más -el rostro de la enfermera parecía haberse iluminado de repente-. Una cosa muy excitante.
La puerta de la habitación estaba entornada, y a través de la rendija, Michael vio una sospechosa reunión de personas en el exterior.
– No tengo tiempo para nada más -protestó.
– Espera un minuto -volvió a decir Beth-. Wentworth, ¿no? ¿Eres un Wentworth?
Michael asintió, cada vez más nervioso.
– Podemos hablar sobre eso en otro…
– Dame un segundo -sosteniendo suavemente al bebé con una mano, Beth buscó el control remoto de la cama con la otra. Con un suave zumbido, la cama se irguió-. He ido esta noche a tu casa para decirte algo.
Uno de los sonrientes hombres que se acercaban a la cama de Beth no llevaba bata de médico ni enfermero. Llevaba una cámara. Un escalofrío premonitorio recorrió la espalda de Michael.
– En otro momento -dijo a Beth precipitadamente-. Ahora tengo que…
– Por favor. Es importante.
La enfermera ratón utilizó sus habilidades para empujar a Michael de nuevo hacia la cama.
– ¿De qué se trata? -preguntó él, impaciente.
El hombre con la cámara apuntaba hacia ellos. La enfermera ratón hizo un amplio gesto con la mano.
– Este es el primer bebé del año -anunció-. ¡El primer bebé nacido en el condado de Travis este año!
– Oh, diablos -murmuró Michael, comprendiendo de repente en qué lío se había metido. Se apartó bruscamente de la cama.
– Sé dónde está Sabrina -dijo Beth.
– ¿Qué? -Michael se quedó tan sorprendido que volvió a acercarse a ella-. ¿Sabrina?
