Michael se fijó en el rubor que cubría el rostro de Beth y no pudo evitar mirarla fijamente. La noche pasada estaba tan pálida… pero ahora el rubor acentuaba sus delicados pómulos. Sus labios también estaban más rojos. El brillo general de su rostro no restaba nada al claro y precioso color de sus ojos.

De pronto se dio cuenta de que había dejado de hablar.

– Lo siento. ¿Qué estabas diciendo? ¿Treinta y siete centavos?

Beth volvió a morderse el labio.

– Es debido al embarazo. Había leído algo al respecto, pero no me di cuenta de que me estaba pasando a mí. Estaba preparando el nido.

Michael arqueó las cejas.

– Estaba dejándolo todo preparado -explicó ella-. Sentía una necesidad compulsiva de limpiarlo todo, de dejarlo todo resuelto. Conozco a dos personas que cumplen años en marzo. Ayer sentía un impulso irrefrenable de mandarles unas postales.

Nada de aquello estaba acercando a Michael a la información sobre Sabrina. Y lo cierto era que no quería saber nada más sobre ella. Ni sobre los amigos que cumplían años en marzo, ni sobre su instinto de anidar, ni sobre la intrigante forma de su rosada boca.

– Pero sobre Sabrina…

Tres mujeres entraron de pronto en la habitación, interrumpiéndolo. Dos llevaban batas de maternidad y una un traje de calle. Michael las miró con irritación y en seguida se dio cuenta de que conocía a dos de ellas.

– Hola Deborah. Hola Eve -había salido con Deborah, la del traje, dos años atrás. Eve había sido su cita en el último Halloween.

– Hola Michael -saludó esta última, mirándolo con curiosidad.

– Creíamos haberte visto entrar, pero no estábamos seguras de que fueras tú -dijo Deborah.

El sentimiento de desasosiego volvió a apoderarse del estómago de Michael.

– Sólo he pasado a hablar con la señorita Masterson.

– La «señorita» Masterson -dijo Deborah, dejando escapar a continuación una tonta risita-. Ja, ja. Hemos visto la foto del periódico.



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