Pero una sonrisa iluminó su rostro cuando miró a Mischa.

– ¿Cómo está el pequeño esta tarde? -dijo, mientras se acercaba a la cama, donde el bebé se hallaba tumbado sobre una pequeña manta.

Beth también sonrió.

– No parece especialmente intimidado por su nueva habitación en la magnífica y enorme mansión Wentworth.

Michael acarició con delicadeza la mejilla de Mischa, pero volvió los ojos hacia Beth.

– ¿Y tú? ¿Te sientes intimidada?

«Por la casa, no. Por el hombre que está junto a mí, sí». Beth se encogió de hombros.

Michael volvió a mirar a Mischa y dejó que el pequeño tomara uno de sus dedos. Sonrió de nuevo.

– ¿Has deshecho ya tu equipaje? -preguntó en tono despreocupado-. Evelyn ha dicho que querías hacerlo tú misma.

De pronto, Beth se dio cuenta de que Michael estaba demasiado cerca. A pesar de que habían acordado que su matrimonio sería temporal y carente de sexo, en aquellos momentos, con la puerta cerrada y teniéndolo tan cerca, su presencia resultaba intimidatoria.

– Respecto a… respecto a mi habitación… -pensaba aclarar de inmediato que planeaba dormir allí. Evelyn le había mostrado el dormitorio de Michael, que se hallaba al otro lado del pasillo, y ella había sonreído, pero se alejó de inmediato de aquel mobiliario masculino y de la seductora gran cama que se hallaba en el centro de la habitación. ¿Esperaría Michael que compartiera aquella cama con él? ¿«Temporalmente y sin sexo»?

«Aclara de inmediato que no piensas hacerlo».

– ¿Qué es eso? -la voz de Michael la sobresaltó. Se había apartado de la cama y se hallaba junto a un pequeño escritorio. Sobre éste había un montón de revistas Business Week y encima de éstas la edición del día del Wall Street Journal.

Alegrándose de verse momentáneamente distraída de la discusión sobre los arreglos del dormitorio, Beth se sentó junto a Mischa en la cama y le acarició la cabecita.



37 из 115