– Llevo teléfono en el coche -dijo, lazándole una fugaz mirada-. ¿Cuál es el número de teléfono del padre del bebé? Puedo llamarlo de tu parte.

La boca de la joven se tensó cuando trató de sonreír. Se estremeció antes de renunciar a conseguirlo.

– Es el 1-800-HA VOLADO -dijo, haciendo un nuevo y valiente intento de sonreír-. Pero si puedes llamar a Bea y a Millie a la panadería pastelería Freemont para decirles que mañana no podré ir a trabajar…

Su voz se apagó y Michael supo que había sufrido una contracción.

Trató de distraerla.

– Así que la panadería Freemont Springs, ¿eh? No he tomado uno de sus bizcochos desde hace mucho tiempo. ¿Aún hacen esos pastelillos blancos con puntos de chocolate encima? Mi hermana Josie adora los agujeros de sus donuts. ¿Y qué hay de las rosquillas de Millie? Sin duda, son las mejores…

– Ya puedes parar -dijo ella.

Michael volvió a mirarla, y en esa ocasión vio una dulce sonrisa en su cara, no una gran sonrisa, pero era tan real, tan genuina que…

Que no podía esperar a llegar al hospital. Afortunadamente, éste apareció en aquellos momentos ante su vista. Aquella mujer, el cercano nacimiento de su hijo y su sonrisa, no significaban nada para él. Nada, más allá de su responsabilidad de buen samaritano de llevarla a tiempo al paritorio.

Tomó el desvío del hospital y siguió las flechas luminosas hacia la puerta de urgencias.

Mirándola de reojo, vio los blancos nudillos de sus dedos agarrando con fuerza la cazadora de ante que le había dejado. El estómago se le encogió al ver que se mordía el labio inferior.

¿Que demonios podía hacer por ella?

Se sorprendió a sí mismo dándole palmaditas en sus pequeños puños.

Tenía la piel fría. Los frotó cuidadosamente hasta que detuvo el todoterreno frente a la puerta de urgencias.



4 из 115