– No, señora.

– Pues entonces, ¿por qué me ha dicho que sí?

– ¡Yo creía que me preguntaba por el burro!

– ¿Qué burro?

Mientras se adentraba en una compleja explicación del equívoco, desde la ventana vio llegar a Galluzzo con De Dominici y Losurdo. Para evitar que ambos la emprendieran a tortazos entre sí, Galluzzo los había esposado y los obligaba a caminar a cinco pasos de distancia el uno del otro. Fazio se olvidó de la señora, que por lo demás parecía haberse recuperado la mar de bien, y se reunió con el trío.

Con la ayuda de los dos campesinos y Galluzzo consiguió desplazar el cuerpo del asno. Debajo había un trocito de papel cuadriculado: «Todavía me estoy contrayendo.»

4

Fazio se presentó en la comisaría para informar de la nueva hazaña del verdugo de animales, pero no tuvieron tiempo de estudiar a fondo la cuestión y reflexionar sobre ella.

– ¡Ah, dottori, dottori!-dijo Catarella, irrumpiendo en la estancia-. ¡Qué he hecho! ¿Se ha olvidado?

– ¿De qué?

– ¡La rinión con el señor jefe superior! ¡Ahora mismo acaban de tilifoniar de Montelusa que lo esperan!

– ¡Coño! -exclamó Montalbano, saliendo como una exhalación. Al punto volvió a asomar la cabeza-: Examinad vosotros el asunto entretanto.

– Gracias, eres muy generoso -replicó Mimì.

Fazio se sentó.

– Si tenemos que hablar de ello… -dijo de mala gana; todos sabían que Augello no le caía demasiado bien.

– Bueno -empezó Mimì-, nuestro anónimo exterminador de animales…

Antes de que terminara la frase, Catarella se presentó de nuevo.

– Hay uno al tilífono que quiere hablar con el dottori. Pero como el dottori está ausente, ¿si lo paso a usted en persona?

– Personalmente -dijo Mimì.

– ¿Hablo con el comisario Montalbano? -preguntó una voz desconocida y claramente irritada.



26 из 272