– Si es como dices -añadió Mimì-, todavía comprendo menos qué quiere decir cuando escribe que se está contrayendo. Siempre he leído y oído que Dios se manifiesta en su grandeza, en su omnipotencia, en su magnificencia, jamás en su pequeñez. Contraerse, hasta que se demuestre lo contrario, significa empequeñecerse.

– Para nosotros ése es el significado, pero vete tú a saber cuál es para él.

– Además, se le podría dar otra interpretación -siguió Mimì tras una pausa de reflexión.

– Dínosla.

– Puede que quiera escribir Ecco, o sea «aquí tenéis», coma, Dio, y que después coja la pistola, se pegue un tiro y sanseacabó.

– Pero ¿cómo se las arregla para representar la coma? -objetó tímidamente Fazio.

– Es su problema -lo cortó Augello.

– Mimì, entre todas las bobadas que has soltado, la otra vez dijiste algo acertado. O sea, que mata en progresivo aumento. Y eso me preocupa: un pez, un pollo, un perro, una cabra, un asno. Y ahora ¿a qué animal le toca?

– Bueno, en determinado momento habrá de detenerse a la fuerza; en nuestras tierras no hay elefantes. -Sólo él se rió de su ocurrencia.

– Quizá sería mejor informar al jefe superior -dijo Fazio.

– Quizá sería mejor informar a la protectora de animales -replicó Mimì; cuando le entraban ganas de bromear y tomar el pelo, ya no conseguía contenerse.

La mañana del lunes 27 de octubre se presentó bastante asquerosa, con viento, relámpagos y truenos.

Montalbano, que había dormido mal a causa de un exceso de calamares y chipirones, en parte fritos y en parte aliñados con aceite y limón, decidió permanecer tumbado en la cama un poco más que de costumbre. Le había dado un ataque tan fuerte de mal humor que si alguien le hubiera dirigido la palabra, habría sido capaz de soltarle un guantazo. Total, en caso de que hubiese alguna novedad, buenos eran los de la comisaría para no correr a tocarle los cojones.



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