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La reunión empezó más tarde de lo previsto porque Fazio había encontrado mucho tráfico en el camino de vuelta de Fiacca. Nada más entrar en el despacho, le entregó dos balas al comisario.
– Guárdelas en el cajón junto con las demás.
Montalbano pareció sorprenderse.
– ¿Dos balas? ¿Efectuó dos disparos?
– No, señor dottore, sólo uno.
– Pues entonces, ¿por qué Adragna te ha dado dos?
– Dottore, éstas son de las que teníamos nosotros. Verá, he pensado que si le pedía prestados a mi compadre el proyectil y el mensaje, él desplegaría las antenas y empezaría con razón a preguntar por qué nos interesaba tanto la muerte de un elefante. En cambio, le expliqué que había ido a Fiacca a ver a un amigo y aprovechaba para saludarlo. Conseguí hacerlo hablar del asunto del circo y él me enseñó la bala y la nota. Como tuvo que salir un momento del despacho, la comparé con las que yo llevaba. Idénticas. Esta vez la nota dice: «Estoy a punto de terminar de contraerme.»
– Sí, ya lo sé, lo han dicho en la televisión.
