
– Si has terminado, corre a cepillarte los dientes.
– Pero quiero que papá me ayude. Me ha prometido llevarme a la cama. Me va a enseñar a leer en ruso mi libro de El cascanueces y yo voy a leerle mis cuentos.
– Entonces, yo fregaré los platos -dijo Meg, intentando mantener un tono de voz normal. No quería darle a Kon la satisfacción de saber que, su inesperada aparición, la había sacado de sus casillas.
Sin hacer caso de la mirada curiosa de Kon, besó a Anna en la frente y empezó a recoger la mesa. Como si nada la preocupara, se puso a cargar el lavaplatos mientras ellos se levantaban de la mesa y se marchaban de la cocina.
Para cuando Meg acabó de limpiar la encimera y de regar la flor de pascua que su jefe le había regalado, el apartamento se había quedado en silencio. Se quitó los zapatos de tacón, apagó la luz de la cocina y cruzó sigilosamente el vestíbulo y el saloncito.
Le llegó la voz entrecortada de Anna, que leía uno de sus cuentos. A veces, Kon la interrumpía para enseñarle el equivalente ruso de alguna palabra. Parecía divertirlo el acento de la niña y le enseñaba más palabras, riéndose a carcajadas por los esfuerzos que hacía Anna. Pero, sobre todo, la elogiaba y la llamaba «mi querida Anochka». Por fin, las voces dejaron de oírse.
Meg se estremeció al recordar el tiempo en que, tumbada entre sus brazos, no se cansaba de su amor ni quería que dejara de llamarla «amor mío». Todo aquello había sido una mentira, pero el dolor de su traición era más real que nunca.
Entró de puntillas en la habitación de Anna y, pasando junto al acuario, se acercó a la cama. Kon estaba tumbado sobre el edredón, con los ojos cerrados. Había pasado un brazo alrededor de Anna. La niña se había dormido apoyada en su hombro, abrazada a su osito Winnie. Sobre la cama había varios libros dispersos, entre ellos El cascanueces.
La luz de la lámpara de lectura sujeta al cabecero blanco subrayaba los rasgos de Kon, que, en reposo, parecían labrados a cincel. Tenía algunas arrugas en torno a los ojos y a la boca. Meg se aproximó para observarlo más de cerca.
