Estaba sedienta por el baile y se bebió rápidamente el cóctel. Luego lo miró, preguntándose por qué tenía una expresión tan seria. Ansiosa por animarlo, se acercó a él.

– ¿Bailamos otra vez? -preguntó, confiando en que la pregunta no sonara a súplica.

– No hay tiempo -contestó él con frialdad-. Le traeré el abrigo mientras acaba su helado.

Meg no quería que la noche se terminara, pero no podía hacer nada. Él estaba de servicio. Suponía que era casi un milagro que se hubiera tomado una hora libre solo para complacer sus deseos.

– ¿Nos vamos?

Ella asintió y se levantó. Volvieron a pasar entre la multitud hasta alcanzar la salida. Esa vez, él no la tocó mientras caminaban hacia el coche. En realidad, había algo diferente en el modo en que la trataba. Parecía molesto. ¿Era porque había revelado algo del hombre que se ocultaba tras el disfraz de agente del KGB? Tal vez quisiera mostrarle a Meg que aquello solo había sido una debilidad momentánea y que no podía esperar que volviera a suceder.

En el coche, de camino al hotel, Meg permaneció en silencio. Se limitó a mirar por la ventanilla, temiendo el momento en que él le diría buenas noches y se marcharía.

Casi habían llegado cuando, de pronto, él tomó bruscamente un desvío que salía de la ciudad. Se alejaron de las calles iluminadas para adentrarse en la oscuridad.

– Kon, ¿adonde vamos? Este no es el camino del hotel.

Él no contestó y aceleró hasta que se internaron entre los árboles. Ella empezó a inquietarse.

– Pensaba que tenías que volver a… lo que quiera que hagas.

Él no le prestó atención y siguió conduciendo hasta que llegaron a un apartadero desierto. Salió de la carretera y detuvo el motor. El único sonido que llegaba a oídos de Meg era el fiero martilleo de su propio corazón.

Miró afuera y vio los árboles que bordeaban la carretera y las estrellas que titilaban en el cielo. La belleza de la noche no le pasó desapercibida, pero no pudo concentrarse en ella. El hombre que iba a su lado se había convertido en un extraño enigmático y ella estaba a su merced.



34 из 122