
Meg habría querido decir que sí, más que nada en el mundo. Se apretó contra él y lo besó con toda su alma. Pero había recibido una educación occidental. El temor a lo que pudiera pasar en el futuro, le impedía aceptar su proposición.
Deshecha en lágrimas y destrozada porque su tiempo se acababa, gritó:
– ¿Crees que quiero dejarte? ¡Mi vida nunca volverá a ser la misma sin ti! -al decir esto, una máscara inexpresiva cubrió el rostro de Kon-. ¡No me mires así! No puedo soportarlo. Yo… ahorraré y trataré de volver el año que viene.
– No -dijo él con una intensidad que ella no comprendió-, no vuelvas. ¿Me oyes? -la sacudió con fuerza- ¡No vuelvas nunca!
– Pero…
– Es ahora o nunca.
Derrotada, Meg se derrumbó sollozando sobre él.
– Contigo, no tengo miedo. Pero si algo te ocurriera, no tendría adonde volver.
Él dio un hondo suspiro.
– Adiós, Meggie.
Se alejó por el pasillo. Un segundo después, desaparecería para siempre de su vida. Meg gritó su nombre, presa del pánico, pero fue gritar al viento.
Kon se había ido.
Capítulo 5
– ¡Mami! ¡Mami! ¿Por qué lloras?
Meg salió de su duermevela y, desorientada, miró a su hija con los ojos entrecerrados. Ya era de día.
– Creo que he tenido un mal sueño.
– ¿Por eso has dormido conmigo?
Meg dudó un momento y luego contestó:
– Sí.
– Deberías haber dormido con papá. Así no habrías tenido miedo. Melanie dice que su mamá y su papá duermen juntos, menos cuando se pelean. Entonces, él duerme en casa de su abuela. ¿Te has peleado con papá?
¿Había algún tema del que Melanie y Anna no hubieran hablado?
Meg dejó escapar un suspiro y, sin contestar, salió de la cama.
Anna debía de llevar algún tiempo levantada, porque llevaba puesta su camisa de terciopelo preferida, de color azul con corazones rosas, y unos pantalones a juego.
