Cuando estaba en El Cairo, el Bey siempre vestía a la europea, con trajes hechos a medida en Savile Row, en Londres.


Al llegar a Groppi, el Bey saludó a diestro y siniestro, dedicando sonrisas a las damas e inclinaciones de cabeza a los pashas y a algún personaje de la corte. Dio un apretón de manos muy a la europea a monsieur Groppi.

– Ah, Hassanein Bey -dijo Groppi, inclinándose profundamente-, qué gran honor verlo por aquí y en compañía de este joven y asiduo cliente -añadió, revelando a traición que Ya'kub, de golpe rojo de vergüenza y con la mirada baja, pasaba muchas tardes en el tearoom comiendo helados y mirando de tapadillo a las mujeres, especialmente a las amantes de los pashas, que le parecían el colmo de la lujuria-. Las señoritas de la buena sociedad que nos frecuentan, Hassanein Bey, siempre se fijan en este joven caballero de tan buena presencia.

– Tomo buena nota, monsieur Groppi, y haré que sus preceptores sean menos benévolos con él y lo hagan estudiar con renovada energía.

– Una mesa para el Bey -ordenó el dueño del establecimiento a uno de los camareros y, en efecto, los instalaron en la que parecía la mejor de todas, frente a uno de los grandes ventanales que daban a la plaza.

– De modo que vienes aquí a menudo, Ya'kub.

– Pero sólo a comer helado.

– Ya. ¿Qué otra cosa ibas a hacer?

– Ah, Ahmed, mi sobrino preferido -exclamó un hombre corpulento impecablemente vestido a la europea que se había acercado a la mesa.

El Bey se levantó en señal de respeto.

– Que la paz sea contigo, tío Ali.

– Y contigo, Ahmed. ¿Me invitas a una limonada, sobrino?

– Claro que sí -contestó y, dirigiéndose a su hijo, añadió-: Ya'kub, por favor, vete a donde está el señor Groppi y pídele dos limonadas y un helado para ti.

El tío Ali ni siquiera lo había mirado. Para él, el muchacho era menos que una cucaracha. ¡El hijo bastardo de un sobrino! Ya'kub, el inglés inexistente. Ya'kub se levanta, no, Ya'kub, no. Jamie. Jamie se levanta con flema británica a encargar las bebidas y una enorme, una triunfal copa de Surprise Neapolitaine. La revancha del bastardo inglés. Insh'allah ttaqq, tío Ali.



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