– No entiendo. ¿No te pedía ayuda?

– Aparentaba pedirme ayuda. En realidad, con un poco de peor intención por nuestra parte -sonrió por primera vez y luego agarró a Ya'kub del brazo para cruzar la calle, lo que llenó a éste de felicidad-, podremos quitar una segunda capa de la piel de la cebolla y afirmar sin lugar a dudas que lo que quiere el bueno del tío Ali son mis acciones. Sus intenciones son verdaderamente enrevesadas. Como sabe que soy tan cairota como él, también sabe que soy perfectamente capaz de adivinar por dónde quiere ir. Ali no pretende mi ayuda. No quiere mi confianza. No quiere mi dinero. Y es que, sabes, Ya'kub, para él no soy lo bastante levantino… tal vez el término correcto sea corrupto… para seguir siendo un socio cómodo. Por lo tanto, lo que está deseando hacer es echarme de la compañía y arriesgarse a andar en solitario con un montón de parásitos a sus espaldas, a los que, sin embargo, puede manejar a su antojo. Y, probablemente, acabar dejando en la calle. Habrá tenido que pagar mi parte, con lo que no obtendrá mi dinero, pero se resarcirá despojando a todos los demás parientes. Aunque tampoco es eso lo que quiere -añadió en voz apenas audible.

– ¡Pero tú eres más fuerte que él! Puedes echarle tú… -dijo Ya'kub. Y luego, con duda-: ¿No?

– No. Eso no es posible. Él quiere comprar mi parte… -sonrió-, eso es bastante seguro, ¿no…? Y yo quiero comprar la suya. Y yo sé por qué quiere comprar mi parte al precio que sea. -Se detuvo como si una repentina revelación lo hubiera clavado en la acera-. Al precio que sea -repitió-. ¿Y por qué se podría permitir el precio que sea? Porque, por el dinero que se necesitaría para hacer esta operación, no puede haber más comprador que un banco. Un banco le ha ofrecido una fortuna por el cien por cien de la NEC. Y no debe de ser muy difícil averiguar cuál es. Pero, para eso, el tío Ali me tiene que echar primero. El sabe que yo no quiero vender fuera de la familia.



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