
Una estupidez heroica de adolescente, pero Ya'kub se sintió orgulloso de estar en el bando de uno solo contra todos los demás.
– Entonces, si nos fuéramos al desierto sin vender nuestra parte de la compañía, quiero decir -carraspeó-, tu parte de la compañía, el tío Ali podría intentar pagar a un asesino para que te matara…
– ¡Has hablado como un auténtico cairota, Ya'kub! Pero no va a ocurrir. Tienes demasiadas fantasías en la cabeza. Ali no se atrevería a tanto, es demasiado cobarde… y además… no quiere mi muerte. No le serviría de nada. No, no. No es eso lo que quiere.
– ¿No?
– No. Sólo querría ser lo que yo soy. -Sonrió y no dijo nada más durante un buen rato. Por fin añadió-: Pero no olvides que mi tío es muy perezoso. En el fondo, sólo quiere dinero fácil. Comprar barato y vender caro. Ya lo creo -afirmó, moviendo enérgicamente la cabeza de arriba abajo-. Ya lo creo: un banco quiere comprarnos y nos vamos a enterar de cuál es. Mañana mejor que pasado mañana. Insh'allah.
– Ah, ya -contestó su hijo-. ¿Qué es la subasta de la cerilla? -volvió a preguntar-. Por favor, ¿qué es?
– Te lo explicaré cuando lleguemos a casa. Por cierto -añadió sin cambiar de tono-, la joven princesa Nadia es bien guapa. Tiene los párpados abombados de las verdaderas serbias… albanesas, tal vez… y la cintura inverosímil de un junco. No me sorprende que te guste.
