Se lo he dicho muchas veces. Pero ese no es nuestro problema… Nuestro problema, Ya'kub, es que ninguno de los dos tiene suficiente dinero para comprar al otro. The Nile Egyptian Cotton Company pertenece a la familia, pero vale hoy mucho más que el capital con el que la fundaron nuestros padres y, desde luego, que el capital del que disponemos para comprar las acciones del contrario… quiero decir, en lo que a mí respecta, las acciones del tío Ali y del resto de la familia. Nos hemos hecho ricos, pero no es suficiente. De ahí, primero, el compromiso del banco y, luego, la subasta de la cerilla.

Una estupidez heroica de adolescente, pero Ya'kub se sintió orgulloso de estar en el bando de uno solo contra todos los demás.

– Entonces, si nos fuéramos al desierto sin vender nuestra parte de la compañía, quiero decir -carraspeó-, tu parte de la compañía, el tío Ali podría intentar pagar a un asesino para que te matara…

– ¡Has hablado como un auténtico cairota, Ya'kub! Pero no va a ocurrir. Tienes demasiadas fantasías en la cabeza. Ali no se atrevería a tanto, es demasiado cobarde… y además… no quiere mi muerte. No le serviría de nada. No, no. No es eso lo que quiere.

– ¿No?

– No. Sólo querría ser lo que yo soy. -Sonrió y no dijo nada más durante un buen rato. Por fin añadió-: Pero no olvides que mi tío es muy perezoso. En el fondo, sólo quiere dinero fácil. Comprar barato y vender caro. Ya lo creo -afirmó, moviendo enérgicamente la cabeza de arriba abajo-. Ya lo creo: un banco quiere comprarnos y nos vamos a enterar de cuál es. Mañana mejor que pasado mañana. Insh'allah.

– Ah, ya -contestó su hijo-. ¿Qué es la subasta de la cerilla? -volvió a preguntar-. Por favor, ¿qué es?

– Te lo explicaré cuando lleguemos a casa. Por cierto -añadió sin cambiar de tono-, la joven princesa Nadia es bien guapa. Tiene los párpados abombados de las verdaderas serbias… albanesas, tal vez… y la cintura inverosímil de un junco. No me sorprende que te guste.



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