
– ¡Pero es horrible, padre! Si te equivocas…
– Es como una partida de póker, lo que más cuenta es la sangre fría. No es fácil, no. -Se quedó pensativo un momento-. Sobre todo si juegas contra mi tío Ali. ¿Sabes que nunca he conseguido derrotarle al backgammon?
– Pero, padre, hay un problema.
– ¿Sí?
– Los dos queréis comprar.
– Desde luego… -Sonrió.
– Sólo que la subasta de la cerilla que me acabas de explicar considera que hay únicamente un comprador. El tío Ali. ¿Qué pasa con tus deseos de echarle de la compañía?
– Ah, sí. Pura palabrería…
– ¿Pero entonces? -pregunto Ya'kub sin comprender.
– El buen Ali Hassanein se cree más listo y más rápido que yo y piensa que puede alcanzar el precio más bajo posible al apagarse la última cerilla. -El Bey volvió a quedarse pensativo-. Y a lo mejor lo es. -Miró a su hijo-. Más listo y más rápido, quiero decir. Después de todo, es un verdadero y genuino cairota.
– ¿Quién empieza la subasta?
– El que la propuso, Ya'kub. Pero da igual, porque al final son ofertas dobles, las suyas a la baja, las mías al alza.
