
Y después, cuando le costaba algo más ponerse en pie y subir la escalera, solía ayudarla porque instintivamente se sentía responsable. Se daba cuenta de que era responsabilidad suya protegerla, sobre todo de sí misma. Y aunque fuera niño o, más tarde, apenas adolescente, el esfuerzo físico de llevarla hasta su cuarto era mínimo: su madre era menuda y bastante frágil.
En fin, en aquellos tiempos era poco común que las mujeres bebieran solas. Resultaba de muy mal tono, pero ella parecía indiferente a cualquier habladuría fruto de la beatería victoriana.
Se hacía llamar princesa Hassanein pese a estar divorciada, una princesa llegada de tierras lejanas y misteriosas, envuelta en un aura que se le antojaba exótica. A pesar de ello, a Jamie siempre le hablaba mal de su padre, el Bey, con una mezcla de despecho y temor y también de obsesión. Puede que dictara su resentimiento haber sido abandonada tantos años atrás o un absurdo provincianismo inglés que tal vez se debiera a una manifestación mal digerida del complejo imperial de superioridad británico, una cosa u otra, pero ella aseguraba que el Bey pretendía raptar a su hijo y llevarlo a las colonias para nunca más dejarlo volver y eso aterraba a Jamie. A su madre seguramente también y, asustándole, parecía garantizarse la lealtad del muchacho frente a la competencia de un mundo, el de su padre, que incluso ella, por más que nunca hubiera estado en Egipto, debía de encontrar infinitamente más atractivo y excitante que el de la suave campiña inglesa.
Había en cuanto decía un poso grande de rencor, pero, Jamie, muy niño aún, no era capaz de comprenderlo y se tomaba las cosas que decía sin buscar explicaciones de más alcance. Por supuesto que todo aquello le aterraba, ¿cómo no iba a ser así? Por eso intentaba protegerse buscando refugio en sus brazos tan suaves y cariñosos. Arrebujado contra ella, las angustias se disolvían y las pesadillas volaban.
Una vez, cuando ya tenía doce o trece años, haciendo acopio de valor, le dijo que no le parecía bien que se proclamara princesa si no era ya la mujer de su padre. Al principio, ella se lo tomó a mal, pero luego se rio:
