
– ¡Algo bueno tendría que sacar de este asunto con aquel faraón de piel oscura! -exclamó-. De todos modos, a él no le afecta y no se entera…
La madre de Jamie tenía un amigo galante, un ex militar de mediana edad y apariencia exageradamente marcial llamado mayor Desmond, Nicky Desmond, de voz rimbombante y modales grandilocuentes. Siempre vestido de tweed, el Mayor llevaba coderas de cuero viejo cosidas en las mangas de la chaqueta y la corbata de su regimiento cuidadosamente anudada al cuello. Los visitaba con bastante frecuencia y, en las temporadas hípicas, llegaba al cottage en torno al mediodía, haciendo sonar alegremente la bocina de su Austin descapotable de antes de la Gran Guerra. Y a los pocos minutos su madre y el Mayor salían rumbo a Ascot o a algunos hipódromos menores de la redonda. Encima del maletero llevaban una gran cesta de picnic, llena de sandwiches de pollo, berros, tomate y pepino, un par de botellas de vino blanco e, indefectiblemente, una de champagne y un pequeño recipiente de cristal lleno de fresas y nata.
Como la madre de Jamie vivía en Woodstock, a veinte kilómetros de Oxford, pero fuera del pueblo, no temía las habladurías. Tras muchos años de residir allí, su discreción, unida a su pose de gran dama, la mantenían, creía ella, a salvo de las murmuraciones locales.
Pese a su solemnidad, Nicky era bien simpático. Desde la más temprana edad de Jamie había ejercido de padrino con él. Exceptuando dos años en los que estuvo «guerreando por ahí», el chico siempre lo recordaba cerca de él, convertido en una especie de protector-instructor. A veces lo llevaba a cazar faisanes, haciendo que le acompañara en su puesto y que disparara una de cada tres o cuatro batidas. Llegó a tirar bastante bien por más que muchos días volviera a casa muy dolorido y con un gran hematoma en el hombro y otro en la mejilla. En las esperas, entre un ojeo y otro, el Mayor le contaba sus cacerías de tigres en Bengala y de rebeldes en el Khyber Pass, en la frontera con Afganistán. Su forma de relatar aquellas historias, parsimoniosa y quitándose importancia, tenía fascinado a Jamie.
