Los miembros de la familia de gorrones fueron conducidos al gran salón en el orden en que habían ido llegando. Cuando estuvieron todos, se colocaron en un gran semicírculo silencioso sin que nadie se lo sugiriera.

El último en aparecer fue el notario, un personaje enormemente gordo, vestido a la europea con un brillante traje de seda gris. La circunferencia de su barriga era tal que en el interior de su cinturón abrochado habrían cabido con facilidad los cuatro nubios que se afanaban en ofrecer café a los recién llegados e, incluso, el viejo Mahmud con ellos. Su papada era triple, más voluminosa incluso que la del mismísimo tío Ali, y unas gafas pequeñas y redondas de concha hacían más ridícula la desproporción física de aquel elefante. Ya'kub imaginó lo que habría sido empujarlo y dejarle rodar por la escalinata hasta el río, como si fuera una monstruosa pelota. Pensando en cómo iría rebotando y girando por los aires, le dio un sobresalto de risa que sólo pudo contener intimidado por la mirada de su padre. El Bey parecía no perder ni un detalle de lo que su hijo pudiera querer hacer.

El tío Ali apuró su café y dejó la taza sobre una de las mesas. Después, frotándose las manos, dijo:

– Bueno, sobrino Ahmed…

– Tío Ali… -contestó el Bey con amabilidad. Luego extendió una mano para señalar la puerta que daba acceso al comedor de gala. Ambos miraron al notario y, al unísono, dijeron-: Afifi Bey…

En ese mismo instante las puertas del comedor se abrieron. Dos de los criados nubios, vestidos de impecable blanco, sujetaban su doble hoja. El notario, seguido del dueño de la casa y del tío Ali, abrió la comitiva y se dirigió con pequeños pasos hacia la mesa.

Todos se sentaron en silencio.

– Las reglas son claras -dijo el notario Afifi Bey-. Una vez que haya prendido la primera cerilla, Ali Hassanein Bey empezará pujando por el paquete de acciones que posee Ahmed Hassanein Bey. -Inclinó la cabeza hacia el dueño de la casa-. Sólo el consumo de la cerilla… o la voluntad de Alá apagarán la llama. Si al final las dos apuestas se igualan, la subasta quedará empatada y tocará a Ahmed Hassanein Bey pujar por las acciones de Ali Hassanein Bey. -Miró a uno y a otro-. ¿Preparados? -No hubo gesto alguno.



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