El Bey alargó la mano y le desordenó el pelo.

– No, Ya'kub… Tienes que estar a mi lado porque eres mi hijo. Y mi hijo no tiene miedo de nada… -sonrió-, y además, si Ali no nota reacción alguna en ti, se preocupara. No te cree capaz de permanecer impasible. Al fin y al cabo, eres un inglés, ¿no?

El notario volvió a encender la cerilla.

Como si nada pasara, el tío Ali se siguió frotando la cara con su pañuelo. Se hubiera dicho que había perdido todo interés en la subasta.

El silencio era total. Pasó casi un minuto. Ya'kub no dejaba de mirar la cerilla: estaba hipnotizado por cómo el fuego iba consumiendo la pequeña madera. Y cuando parecía imposible que aquello siguiera ardiendo ni un segundo más, el tío Ali dijo en voz baja:

– Doscientos cincuenta.

Sobre el rescoldo, justo antes de que la llama titubeara y se deshiciera en humo negro o tal vez habiéndose ya deshecho, no es posible saberlo, la vista no alcanzaba a ser tan rápida, el Bey contestó:

– ¡No!

Entonces el tío Ali giró la cabeza y miró al notario.

– La cerilla estaba encendida, Ali -dijo Afifi Bey-, aún ardía. La subasta sigue.

– Si consigue vencerte -Ya'kub había preguntado a su padre-, ¿seremos pobres? -El Bey había sonreído sin decir nada.

– Novecientos cincuenta.

– No. -El tío Ali volvió a guardar silencio durante un minuto interminable-. Trescientas mil guineas -dijo por fin.

– No -fue la contestación inmediata. Con lentitud extrema, el tiempo corrió hasta que se apagó la cerilla.

Estuvieron así durante un buen rato, intercambiando voces como si se tratara de un combate de esgrima. De hecho, a Jamie le hubiera gustado que fuera esgrima: su padre era un gran campeón en ese deporte de caballeros y se decía que concurriría a las siguientes Olimpiadas, las de París, en 1924, en representación de Egipto. Aparte de que enfrentarse al tío Ali a florete… Tuvo que dejar do pensar en ello para que no le diera la risa. De vez en cuando sentía su mirada pasándole por encima como la ráfaga de un faro de mar y el muchacho se esforzaba en permanecer inmóvil, sin que se le cambiara la expresión.



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