
El aya la había preparado como una novia, pintándole las palmas de las manos con alheña, en arabescos morados como volutas de humo, y los empeines y las plantas de los pies, y le había contorneado los ojos con kohl.
Al verla entrar, Ya'kub se había incorporado de golpe en el sillón y la miraba con los ojos como lunas, el corazón desbocado y la boca seca. Entonces, la niña eritrea dio dos o tres pasos más y acabó arrodillándose a sus pies. Levantó ambas manos para recogerse el pelo y el gesto hizo que sus pechos de aureolas claras se estiraran sin cambiar de forma siquiera. Después apoyó un brazo en la rodilla del muchacho. Entonces levantó la cabeza y lo miró.
Amr se puso sigilosamente en pie y salió del saloncito, cerrando la puerta tras de sí. Mientras lo hacía, alcanzó a ver cómo la niña se enderezaba despacio y, apoyándose contra Ya'kub, lo empujaba suavemente contra los cojines del sofá.
Amr sacudió la cabeza sonriendo: cada uno de estos movimientos tan naturales y tan eróticos tenía que haber sido ensayado paso a paso con la alcahueta de Ibrahim al-Gharbi. Diez ginaih bien gastados. Un robo escandaloso, pero valía la pena.
Capítulo 8
Tienes mala cara -dijo Amr-. Como te descuides, las ojeras te van a llegar a los pies. -Y rio con suavidad.
Ya'kub no contestó. Se volvió hacia su lado del coche de caballos, escondiendo la cara para que Amr no le hiciera preguntas. No quería compartir con nadie lo que llevaba en la entraña, esa derrota por sorpresa, las sensaciones de la noche pasada. Se sentía culpable, sí, pero, cuando cerraba los ojos, su cuerpo recordaba el cuerpo de la niña, estaba aún lleno de él, y volvía a saborear lo que había sido aquella explosión incontrolable de sensualidad.
No tenía modo de saberlo todavía, pero en la noche su vida había cambiado: había dejado de ser un niño. El Jamie protegido y soñador de la casa de su madre en Woodstock, el adolescente de las imaginadas aventuras heroicas no existía ya. De golpe era Ya'kub Hassanein, el hijo de su padre el gran Bey, un muchacho con heridas en el corazón y pocas ilusiones, le parecía, en el alma.
