
– Sí, padre. Pero ¿por qué preparas el viaje a escondidas de todos?
– Porque si sale mal o no consigo siquiera arrancar, mis buenos amigos de El Cairo me sacarán la piel a tiras. ¿Me comprendes?
– Sí, padre -contestó Ya'kub sin comprender.
– Bien. ¿Te apetece que vayamos a tomarnos un helado a Groppi?
– ¡Oh, sí!
El Bey rechazó con un gesto de la mano el café que le ofrecía el camarero nubio y se puso en pie.
– Vamos, pues -dijo.
El café Groppi de aquellos años era algo muy especial. Su nombre completo era Groppi Tearoom and Rotunda y estaba en la plaza de Solimán Pasha, muy cerca de la casa de Hassanein Bey. Tenía columnas de mármol que sustentaban un techo de cristal en forma de rosa, una joya del Art Déco, y amplias cristaleras que daban a la plaza, mesas de mármol apoyadas en elegantes arabescos de hierro forjado y una pista de baile, la Rotunda, en la que todas las tardes la buena sociedad danzaba el fox-trot al ritmo que le marcaban las orquestas de los Mondial Boys y de los Cherry Pickers. El primer establecimiento abierto por Groppi estaba al lado de la plaza de la Ópera y era un lugar más solemne en el que nunca sonaba la música, pero en éste de la plaza de Solimán Pasha había un jardín posterior en el que los domingos por la mañana, además, la Pequeña Orquesta Sinfónica de la radio egipcia daba conciertos de música clásica.
