Hicieron alto a una docena de metros de las garitas y las de detrás se guardaron de empujar peligrosamente hacia adelante. Aquella disciplina contrastaba con la atronadora cacofonía que producían: un ruido martilleante, punzante, machacón, hambriento, que alcanzó su máxima intensidad de volumen cuando las últimas manifestantes se apretujaron en la plaza. El ruido atravesó sin dificultad las verjas ante el edificio del Parlamento, ascendió por la amplia escalinata y franqueó las dobles puertas decoradas. No respetó normas de procedimiento ni reglas de debate cuando resonó en la Cámara de Diputados, imponiéndose a un debate sobre la reforma agraria y forzando al representante del Partido Agrícola de los Campesinos a interrumpir su discurso y regresar a su escaño. Los diputados gozaban de una brillante iluminación gracias a su grupo electrógeno de emergencia, y por primera vez se sintieron embarazados por su visibilidad; siguieron sentados en silencio, mirándose ocasionalmente unos a otros y encogiéndose de hombros mientras la enorme protesta, que no contenía ninguna palabra pero sí todos los argumentos, invadía el lugar en que trabajaban. Fuera, las mujeres golpeaban sus ollas y sartenes con cazos y cucharones: madera contra aluminio, madera contra hierro, aluminio contra hierro, aluminio contra aluminio. Las velas seguían ardiendo, y la cera goteaba ahora caliente en los pulgares que las aferraban, pero el ruido y las temblorosas luces no cejaban. No hubo ninguna concesión a la palabra, porque durante meses, meses y meses no habían escuchado otra cosa que palabras, palabras y palabras: incomibles, indigeribles palabras. Hablaban con el metal, aunque no con el que solía hablar en ocasiones semejantes, el que dejaba una secuela de mártires. Hablaban sin palabras; argüían, bramaban, exigían y razonaban sin palabras; se quejaban y lloraban sin palabras. Estuvieron haciéndolo durante una hora hasta que, a las ocho, como obedeciendo a una señal secretamente pactada, empezaron a abandonar la plaza frontera al edificio del Parlamento.


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