Dudó. ¿Llevaría aquel billete a su amo? Sería una satisfacción para su amor propio, pero también una falta de prudencia. Se sentiría mucho más libre si llevaba a solas su investigación; y cuando encontrara a Sylvie, le pertenecería tanto más por cuanto el cardenal seguiría creyéndola muerta.

En verdad, el día empezaba bien. Laffemas decidió continuarlo de una manera agradable yendo a presidir el interrogatorio de un monedero falso, por más que lamentó que ya no fuera posible, como en los felices tiempos de la Edad Media, enviarlo a acabar sus días sumergido en un caldero de agua hirviendo…

4… y una tan grande amistad

Aquella noche, Théophraste Renaudot cenaba en casa de su amigo el caballero de Raguenel. Entre el padre de la Gazette y el antiguo escudero de la duquesa de Vendôme había nacido una sólida amistad, reforzada si cabe por la terrible aventura vivida en las proximidades del Petit-Arsenal, a consecuencia de la cual uno de ellos había resultado gravemente herido y el otro preso en la Bastilla bajo la acusación de asesinato. A los dos les gustaba reunirse en torno a los platos cocinados por Nicole Hardouin, el ama de llaves de Perceval, que parecía no tener otra finalidad en la vida que hacer engordar a un amo cuya obstinada delgadez la habría ofendido si no supiera que en gran parte se debía a un dolor tenaz. Ella misma se sentía en ocasiones menos entregada a su labor desde que la pequeña Mademoiselle de l'Isle y Corentin Bellec, el fiel servidor del caballero, habían desaparecido sin que nadie diera razón de lo que les había sucedido.



76 из 357