— Ha querido ir demasiado deprisa. Un golpe como ése hay que prepararlo bien. Y ahora…

— ¡Ahora estará alerta! ¡Quiera el ciclo por lo menos que el señor de Beaufort no se vea perjudicado por esta chapuza!

— No lo creo. El cardenal ha recibido de parte del capitán Courage una carta grandilocuente, un verdadero desafío destinado a Laffemas, en la que dice que el firmante no se dará tregua ni reposo mientras el teniente civil siga osando respirar el aire del buen Dios.

— ¿Cómo lo habéis sabido?

— Su Eminencia me lo ha dicho. Y ha añadido una prohibición formal de hablar del tema en la Gazette. Tiene miedo de que el tal capitán se atraiga la simpatía de la gente y se convierta en una leyenda.

— Bueno, al menos eso me tranquiliza. Monseñor François no tiene nada que temer…

— Yo no estoy tan seguro. No aseguraría que no se sospeche de él, bajo el disfraz de capitán Courage. ¡Esa clase de locura sería tan propia de él…! Oh, no lo atacarán de frente, pero el cardenal podría tenderle cualquier día una de sus trampas. Decididamente no le gustan los Vendôme, y éste menos todavía que los otros. Es demasiado seductor…

— Vos, que frecuentáis la villa y la corte, sabréis si es cierto que se ha convertido en amante de Madame de Montbazon, como se rumorea desde hace bastante tiempo.

— Es siempre difícil saber la verdad en esa clase de asuntos, pero hay una posibilidad de que sea cierto. Mademoiselle de Borbón-Condé, a la que pretendía el duque en matrimonio, acaba de casarse con el duque de Longueville, que era precisamente el amante oficial de Madame de Montbazon. Ese cambio de parejas sería muy propio de él. Naturalmente, se dice que está loco por ella, pero me pregunto si no alimentará personalmente el rumor para dar celos a la reina…

Una vez solo, Raguenel meditó largamente sobre las últimas palabras de su amigo. Pensaba que una nueva pasión hace desaparecer la anterior, y que en cierta forma era bueno que François olvidase unos amores demasiado peligrosos; pero por otra parte, al pensar en su pequeña Sylvie, se alegró por una vez de que estuviera lejos, en su isla del fin del mundo. Saber todas esas cosas la haría sufrir…



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