– Señor Monk, es mi deber de mujer cristiana -le replicó ella con un leve movimiento de la cabeza-. Además, usted siempre me ha pagado puntualmente, debo reconocer en su favor que nunca me ha discutido nada ni se ha retrasado un solo día en el pago. ¡Es preciso tenerlo en cuenta! Ahora cómase todo eso y métase en cama. Tiene un aspecto muy desmejorado. No sé qué le ha podido pasar ni me interesa saberlo, si quiere que le diga la verdad. A veces es mejor no saber las cosas.

– ¿Qué hago después con…? -dijo él mirando la bandeja.

– ¡Déjela en la puerta, como siempre! -dijo la mujer levantando las cejas y, acercándose más a él, añadió con un suspiro-: Y si por la noche se encuentra mal, no tiene más que llamarme y acudiré al momento a atenderle.

– No será preciso… me encontraré perfectamente. La señora Worley hizo una profunda aspiración y, acto seguido, soltó un resoplido de incredulidad y salió, sin más, cerrando con un ruidoso portazo. Monk se dio cuenta enseguida de lo grosero que había sido con ella. Se había ofrecido a levantarse por la noche si necesitaba ayuda y él se había limitado a asegurarle que no le haría ninguna falta. De todos modos, la mujer no había parecido sorprendida ni herida en sus sentimientos. ¿Sería quizá, porque era su manera descortés habitual de tratarla? Según ella le había hecho notar, él pagaba siempre puntualmente y sin rechistar. ¿Era aquél todo el trato que existía entre los dos? ¿Ninguna muestra de amabilidad, ningún sentimiento, sólo un huésped de fiar desde el punto de vista financiero y una patrona que cumplía con su deber de mujer cristiana porque era su manera natural de ser?

El cuadro no presentaba tintes demasiado halagadores.

Volvió a dirigir su atención a la comida. Era sencilla pero de exquisito sabor, y había que reconocer que la mujer había sido generosa en la cantidad. En sus pensamientos destelló por un momento la duda de cuánto le podían costar aquellas comodidades y si seguiría estando en condiciones de costeárselas, teniendo en cuenta que ahora no podía trabajar.



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