El cabriolé volcó, un verdadero desastre. Probablemente chocaron con algo cuando iban a toda velocidad. El caballo se asustó y salió corriendo. -Hizo un movimiento con la cabeza y bajó las comisuras de los labios-. El cochero murió en el acto, el pobre. Se golpeó la cabeza con el bordillo. Como usted iba dentro del coche, seguramente por eso salió mejor parado. ¡Lo que nos costó sacarlo! ¡Era un peso muerto! Jamás habría dicho que fuera usted tan pesado. Seguro que no se acuerda de nada, ¿verdad? ¿Ni siquiera del susto?

Su ojillo izquierdo volvió a empequeñecerse ligeramente.

– No.

Al cerebro de Monk no acudía ninguna imagen, ningún recuerdo de velocidad desaforada, de golpe alguno, de dolor siquiera.

– ¿No se acuerda de lo que hacía en aquel momento? -continuó Runcorn, aunque sin verdadera esperanza en la voz-. ¿En qué asunto estaba ocupado?

Monk se aferró a una esperanza, algo que parecía haber adquirido forma; casi tenía miedo de preguntar por temor a que todo se desmoronara al más mínimo contacto.

Miró fijamente a Runcorn. Era probable que conociera a aquel hombre personalmente, tal vez incluso que lo viera a diario. Sin embargo, nada en él le despertaba el más mínimo recuerdo.

– ¿Y bien? -le preguntó Runcorn-. ¿No se acuerda de nada? Nosotros no lo habíamos enviado allí. ¿Qué demonios hacía en aquel momento? Seguramente había descubierto algo. ¿No recuerda qué puede ser?

La niebla era impenetrable.

Monk movió la cabeza con unas sacudidas con las que quería decir que no, que no recordaba nada, pero dentro de él persistía aquella burbuja luminosa. Ahora sabía que él era policía y que por eso lo conocían. No era un ladrón ni un fugitivo.

Runcorn se inclinó ligeramente hacia delante y lo miró con atención, vio cómo se iluminaba su cara.

– ¡Veo que recuerda algo! -dijo en tono triunfal-. ¡Vamos, hombre! Diga qué es.

Monk no podía explicar que no era el recuerdo lo que lo había cambiado, sino la disolución de una de las formas más lacerantes del miedo. Aquella niebla que lo sofocaba seguía en el mismo sitio, aunque ahora sin carácter alguno, sin constituir una amenaza específica.



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