
El mayordomo la evaluó con ojo crítico; ella se preguntó si el destello que logró ver en sus ojos había sido de respeto.
Al final, él asintió con la cabeza.
– informaré al señor Tallent de que está aquí, señorita. ¿A quién debo anunciar?
– A la señorita Emily Beauregard.
– ¿Cómo dices? -Levantando la mirada del deprimente montón de solicitudes, Jonas clavó los ojos en Mortimer-. ¿Una joven?
– Bueno… es una mujer joven, señor. -Resultaba evidente que Mortimer no sabía cómo catalogar a la señorita Emily Beauregard, lo que de por sí era sorpréndeme. Llevaba décadas ocupando el puesto de mayordomo y sabía muy bien a qué estrato social pertenecía cada una de las personas que se presentaban en la puerta del magistrado local-. Parecía… muy segura de querer ocupar el puesto y he pensado que tal vez sería mejor que la recibiera.
Jonas se recostó en la silla y estudió a Mortimer, preguntándose qué habría visto el mayordomo en la joven. Resultaba evidente que la señorita Emily Beauregard lo había dejado impresionado, lo suficiente para que Mortimer se hubiera adherido a su causa. Pero la idea de que fuera una mujer la que se encargara de la posada Red Bells… Aunque por otra parte, no hacía ni media hora que él mismo había reconocido que Phyllida podría dirigir la posada casi con los ojos cerrados.
El trabajo era, después de todo, para un gerente-posadero, y había muchas mujeres con la suficiente habilidad para realizarlo satisfactoriamente.
Se enderezó en la silla.
– De acuerdo. Hazla pasar. -No podía ser peor que el aspirante que había estado preso en Newgate.
– Ahora mismo, señor. -Mortimer se volvió hacia la puerta-. La mujer me ha dicho que trae referencias, tres para ser exactos.
Jonas arqueó las cejas. Al parecer la señorita Beauregard había llegado bien preparada.
Volvió a mirar el montón de solicitudes sobre el escritorio y lo apartó a un lado. No es que tuviera muchas esperanzas de que la señorita Beauregard fuera la respuesta a sus plegarias, pero ya estaba harto de esperar que llegara el aspirante perfecto, y más teniendo en cuenta el deprimente resultado de sus recientes esfuerzos.
