En cuanto a su experiencia en regentar posadas…

– En lo que respecta a Three Feathers en Hampstead, yo…

Él bajó la mirada y volvió a leer las referencias sobre el tiempo que había trabajado en Three Fearhers. Ella sólo se limitó a reflejar lo que estaba allí escrito, sin añadir nada más.

Volvió a mirarla, observando aquel rostro casi angelical, mientras barajaba la idea de decirle que sabía que las referencias eran falsas. Aunque estaban escritas por tres manos diferentes, él juraría que dos eran femeninas -por lo que era más que improbable que fueran, como ella le había indicado, de los dueños de las posadas-y la tercera estaba escrita por un varón, aunque, a juzgar por la letra, era un hombre joven cuya caligrafía todavía no estaba bien definida.

Sin embargo, lo más significativo de todo era que las tres referencias -supuestamente de tres posadas distantes geográficamente y con un lapso de cinco años entre sí-, estaban escritas con las mismas palabras, con la misma tinta y la misma pluma, una que tenía una mella en la punta.

Por no mencionar que, a pesar del tiempo transcurrido entre una referencia y otra, el papel era nuevo, y la tinta, fresca.

Volvió a mirar a la señorita Emily Beauregard por encima del escritorio mientras se preguntaba a sí mismo por qué no se limitaba a llamar a Mortimer para que acompañara a la joven a la puerta. Sabía que debería hacerlo, pero no lo hizo.

No podía dejarla marchar sin antes conocer la respuesta a la pregunta inicial: «¿Por qué demonios una dama como ésa solicitaba el puesto de gerente en una posada?»

Por fin, ella terminó de recitar sus méritos y lo miró, arqueando las cejas inquisitivamente con un aire un tanto arrógame.

Jonas lanzó las tres referencias sobre el papel secante y miró a la señorita Beauregard directamente a los ojos.



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